Desde que me he mudado a California para mis estudios universitarios, he tenido que enfrentar un dilema por el que no me habia preparado: el abandono gradual de mi español. No fue tanto un abandono que un cambio sutil en mi estilo de vida. Haber vivido en Perú por casi toda la vida me hizo acostumbrarme a hablar español en mi vida cotidiana, mientras que hablaba chino en casa e inglés en el colegio. Estaba hablando mis tres idiomas diariamente, y se volvió tan parte de mi vida que no me percaté de lo impactante que sería cuando abandonara uno de ellos. En la universidad, inglés es el idioma que domina mi vida  90% del tiempo. Tomo clases de chino y ocasionalmente llamo a mis padres, así que el chino sí tiene un rol medio predominante. Se ha vuelto un idioma de interés para mí, y he hecho un esfuerzo para incorporarlo más en mi vida, como el verano pasado en la que solo hablé chino por dos meses en Beijing. Pero el español… nada.

Para ser honesta, nunca me gustó tanto el español. Fue mi segundo idioma, pero como lo aprendi de chiquita, se sintió casi como mi segunda lengua materna. En el colegio, las clases de español eran tediosas – y no era la única que sentía eso. Pocas personas de mi grado realmente disfrutaban las novelas y poesías que estudiábamos en clase, menos las presentaciones y ensayos de análisis que teníamos que hacer.

Por otro lado, las clases de inglés me encantaban. Disfrutaba más las obras que estudiábamos, y las clases simplemente se sentían mas interesantes e incluso más agradables. También eran más fáciles, a pesar de que no creo que el curriculum estaba diseñado para que sea de un nivel diferente a las clases de español. El inglés también representaba algo que no tenía pero que podía tener: la vida “occidental,” ya sea la vida en Estados Unidos, en el Reino Unido – fuera de Perú, donde no mucho ocurre en la vida diaria.

Personalmente, creo que la influencia de mis padres y mi destinación universitaria también fueron factores que influenciaron cómo veía el Peru y el español. Desde chiquita ya sabía que me iba a ir de Perú una vez terminara el colegio. Mi meta era estudiar en una universidad prestigiosa en los Estados Unidos – o, para ser más directa, la meta de mis padres. De esta manera, llegaría a cumplir mis “metas.” Era muy joven como para saber si eso era lo que quería, pero tampoco tenía otra opción. El hecho de que viví en Peru por casi toda la vida convirtió el inglés, y la cultura que este representaba, en algo deseado. La gran meta, la vida que todos quieren. No sé qué tanto me influenció esta mentalidad, pero creo que es seguro asumir que definitivamente tuvo un impacto en cómo apreciaba el español y Perú.

Cuando terminé la escuela secundaria, también comencé a prestarle más atención a mi chino. Siendo mi idioma materno, es el idioma en la que me siento más cómodo hablando, pero apenas sabía cómo leer o escribir en chino cuando terminé el colegio. Pero algo despertó en mí en ese entonces, y comencé a dedicarle más tiempo para mejorar mi chino. Ahora que tenía un idioma que mejorar, fue más fácil dejar que el español se quede en mi pasado.

Pero bueno, desde que me he ido de Peru hace ya más de dos años y medio, he comenzado a tener mas perspectiva de mi español y del rol que tiene en mi vida. Lo que me he dado cuenta es que el español es y siempre va ser parte de mi vida, tanto como el inglés y el chino. El inglés siempre ha tenido un rol activo en mi vida, ya que mis estudios siempre se centraron alrededor del idioma y yo misma también uso el idioma, ya sea para leer, escribir, o incluso pensar. El chino solo ha comenzado a ser más activo en mi vida en estos últimos años, pero no es algo que voy a volver a descuidar por mucho tiempo. Lo necesito para tener mejores conversaciones con mis padres, e incluso para desarrollar la manera en la que pienso en ese idioma. El español ya no tiene un rol importante en mi vida. No lo necesito. Pero si lo estoy volviendo a extrañar, por la simple razón de que es parte de mi identidad. 

Fue estúpido de mi parte asumir que con solo alejarme del lugar donde he crecido casi toda mi vida podía así “dejarlo ir.” No puedo. Hay poco que extraño de Perú, pero entre ello extraño la comida peruana, que es irremplazable. Ahora también estoy comenzado a extrañar la lengua y las obras que están escritas en este idioma. El español evoca otro tipo de sentimiento en mi, uno que me hace acordar mucho del tiempo en la que he crecido en Perú. Me he pasado tanto de mi vida pensando en irme de esta país, pero una vez fuera, me doy cuenta que el resto del mundo tiene sus imperfecciones. Pero es más que solo eso. Crecer en Perú me ha hecho cómo soy ahora, y tan solo por eso me siento agradecida. 

Ahora… supongo que volveré a leer en español. Vamos a ver si esta vez se queda conmigo.

-Michelle

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